No podemos
esperar más

Nuestra enfermedad es crónica y degenerativa.

La situación climática y ecológica es desesperada. Las miles de muertes atribuidas a las olas de calor que está sufriendo Europa este verano de 2026 tienen una relación directa con las temperaturas máximas, sin precedentes en nuestra historia, que estamos alcanzando: ningún humano moderno ha experimentado antes 44 grados en Vizcaya, más de 42 en Alemania, casi 44 en Francia, o 37 en Dinamarca. Los incendios forestales son más rápidos, agresivos y letales. La resiliencia de nuestro entorno ecológico es cada vez menor: mares y océanos más ácidos (absorben menos carbono) y calientes, con mayor capacidad para generar tempestades y fenómenos meteorológicos extremos; bosques con intenso estrés hídrico y biodiversidad menguante.

Por eso, para tratar de mantener unas mínimas condiciones de vida para todes, tenemos que implicarnos y trabajar, tanto desde nuestro ámbito privado y doméstico, como en el plano comunitario y colectivo.